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Reabrió la Casa de la Trova en su auténtico espacio


“Al fin la verdadera trova". Fueron palabras escritas por el músico Eliades Ochoa, en un papel colocado en la pared de la casa original dedicada a ese género en su cuna, Santiago de Cuba.

Acompañado del Cuarteto Patria correspondió a él, precisamente, la descarga que dejó abierto de manera oficial ese rincón, lleno de recuerdos para viejos cantores y amantes de sus interpretaciones.

Como en sus inicios cuelgan de las paredes retratos y fotografías de trovadores que unieron voces y guitarras para cantarle al amor, al desengaño, a las mujeres, a la vida, a la ciudad…

Su semilla estuvo en un zaguán, en los bajos de un amplio edificio colonial donde vivió el insigne músico Rafael Salcedo de las Cuevas, en la calle Heredia.

En ese pequeño espacio el también trovador Virgilio Palais vendía comestibles ligeros, café, tabaco y cigarros; pero, a la vez, dejaba escuchar su voz, la cual poco a poco atrajo a otros cantores, compositores y guitarristas de la oriental urbe.

El Café de Virgilio, como llegó a llamarse, dio lugar a la Casa de la Trova, abierta en 1968 y mundialmente famosa.

Numerosos nombres están ligados a su historia, entre ellos los de Sindo Garay, Miguel Matamoros, Emiliano Bléz, Ignacio Bambú (Pucho el Pollero), Angel Almenares, Ramón Márquez y, por supuesto, Palais, estos tres últimos con un protagonismo en el nacimiento de esa institución cultural.

Ahí están ahora las imágenes de ellos y muchos otros, en su mayoría del pintor Antonio Ferrer Cabello, y también fotografías de personalidades que visitaron el lugar como el actor y músico norteamericano Harry Belafonte y de los cantantes Víctor Jara, de Chile; de y la dominicana Sonia Silvestre.

La Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas, que dirige el prestigioso escultor Alberto Lescay, se encargó de devolverle a ese espacio su encanto original, con la tarima para las descargas, taburetes, faroles, la pequeña cantina y todo aquello que lo distinguió con sencillez.

De nuevo se respira allí ese aire familiar, íntimo, amistoso, donde conocidos o no se funden en el reducido local para disfrutar de la canción trovadoresca.

Como era de esperar resultó pequeño para acoger a todos los que fueron a compartir la apertura de la auténtica Casa de la Trova, entre ellos músicos, poetas, actores, intelectuales, autoridades de Santiago de Cuba y el pueblo.

El jolgorio era evidente. Por eso las letras del compositor Pedro Ibáñez, colocadas de frente a la entrada, lo ratifican: “Desmientan al que diga que la trova ya murió. La trova no ha muerto, no…”. (AIN)

Por: Marlene Montoya

Foto: Miguel Rubiera Justiz
 
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